En los últimos años he estado trabajando en varios proyectos de taxonomía y cuando me preguntan sobre mis proyectos y lo que hago en museos, digo de manera concisa que «yo, básicamente, reviso y construyo nombres científicos». A grandes rasgos, digamos que la taxonomía es la parte de la biología que construye los nombres científicos. Y esto, en vez de hacer las cosas claras, parece confundir más, porque noto que hay dos pensamientos contradictorios en la cabeza de quien me preguntó: por un lado, la sorpresa de que los nombres científicos son algo que se construye y que lleva años, y por el otro, el escepticismo de que dar un nombre científico sea algo pueda tomar años. Así que voy a hablar sobre eso: lo que sigue a continuación es un pequeño tutorial para leer y entender nombres científicos.
Si trabajas como periodista o haces contenido sobre ciencias biológicas, has tenido que leer y escribir nombres científicos; en la escuela aprendemos sobre ellos en biología, cuando se nos dice que se trata de nombres que son idénticos sin importar el idioma. Por ejemplo, el nombre Caretta caretta hará siempre referencia a la misma especie de tortuga marina: la tortuga caguama en español, o loggerhead en inglés, o Caouanne en francés. La estructura del nombre científico es siempre un nombre genérico, que se escribe en mayúscula (Caretta), seguido de un nombre específico, que se escribe en minúscula (caretta), y aunque se escriben juntos, nomenclatura binomial, se comportan como entidades diferentes.

El nombre específico es único, lo significa que no puede haber otro nombre idéntico dado a ninguno de los miles y miles de millones de seres vivos en el planeta. Por ejemplo, el nombre caretta, con minúscula, estará reservado a perpetuidad para la tortuga caguama. Cuando se decide un nombre científico, se debe cumplir con este criterio: en toda la historia de la taxonomía, los casi tres siglos entre Linneo y hoy, no debe haber un nombre idéntico. Con esto espero comunicar una de las dificultades de nombrar a una nueva especie, y que eso explique también, un poco, por qué hay un desborde de creatividad al nombrar especies. Si decidimos nombrar a una araña en honor de Trent Reznor, líder de la banda de rock industrial Nine Inch Nails, la búsqueda se restringe a 1988 cuando se formó la banda en Cleveland (el nombre de esa araña es Actinopus reznori). Tal vez si nombramos a una avispa en honor de la cantante británica Adele nos topemos con que la revisión no está tan restringida ya que es un nombre más común (esa avispa es Adelius adeleae).
El segundo nombre, el genérico, también es único, pero no está siempre atado al nombre específico. Los nombres Caretta, Actinopus y Adelius son nombres que funcionan como cajas; un nombre puede contener una o más de una especie. El género de la tortuga marina Caretta solamente incluye una especie, Caretta caretta; por otro lado, el género de la araña Actinopus incluye, de acuerdo con la base de datos del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (o GBIF, por sus siglas en inglés), 102 especies; así mismo, el género de avispas Adelius contiene 39 especies. No hay una regla sobre cuántas especies debe haber en un género, pero para que un género sea un nombre válido, la caja debe contener al menos una especie cuyo nombre binominal no puede cambiar nunca. En el caso de Caretta pues solamente tenemos una especie, por lo que Caretta caretta es una combinación inmutable. En el caso de Actinopus, que tiene 102 especies, la primera especie en ser nombrada (Actinopus tarsalis) es la especie que no puede abandonar la caja del nombre Actinopus. En el caso de las 39 especies de Adelius, también es una combinación inmutable la primera en ser nombrada, en este caso, Adelius subfasciatus.
Estos nombres inmutables se conocen como especies tipo, es decir, son los referentes. Para decidir si una especie nueva va a entrar a una de estas cajas, debemos compararla con el referente. En el caso de Caretta caretta, si descubrimos una nueva especie de tortuga caguama, hay que compararla solamente con la otra especie en la caja Caretta. Una nueva especie de araña Actinopus debe compararse con la especie tipo y con las otras 101 especies. A veces, información o evidencia nueva hace que una especie sea removida de la caja inicial y puesta en otra caja. Esto es lo que se conoce como revisión taxonómica.
Aunque el nombre científico es algo que le da caché a un artículo de revista o una nota periodística, la escritura correcta de un nombre científico tiene tres elementos, no dos como se acostumbra: el género, la especie y la autoría; un nombre científico se ve así
Nombre científico Apellidos de la autoría, año
Este tercer elemento es el que nos hace las cosas fáciles para determinar la cantidad de trabajo que hay que revisar. Por ejemplo, el nombre científico de la tortuga caguama es Caretta caretta (Linneo, 1758), la primera especie de la araña Actinopus es Actinopus tarsalis Perty, 1833, y la primera especie del género Adelius es Adelius subfasciatus Haliday, 1833. La autoría siempre nos va a decir quién y cuándo acuñó el nombre. En el caso de las especies nuevas nombradas en honor de Trent y Adele, los nombres completos serían:
Actinopus reznori Miglio, Pérez-Miles & Bonaldo, 2020
Adelius adeleae Shimbori & Shaw, 2019
Esto nos dice que el género Adelius ya existía cuando la especie de avispa Adelius adeleae fue creada; el epíteto en honor de Adele es sólo la especie. Además de las trivias, el nombre científico nos da una idea del tiempo que llevará hacer una revisión: aunque Actinopus y Adelius fueron creados el mismo año, uno contiene un tercio de los nombres específicos en comparación al otro; uno espera que haya más publicaciones que leer al respecto en Actinopus, con 102 especies, que Adelius, con 39.
En el caso de Caretta caretta (Linneo, 1758), los paréntesis nos indican que el autor original de la especie fue Linneo, es decir, es casi tan viejo como la nomenclatura binomial, pero su autor original lo creó dentro de otra caja. Si uno va a la publicación de Linneo, 1758, no encontraremos el nombre Caretta caretta, sino el nombre Testudo caretta. En 1758, cuando Linneo publicó la décima edición de su Sistema Naturae, el género Testudo contenía varias especies de tortugas europeas del Mediterráneo, y como la tortuga caguama tiene sitios de anidamiento en el Mediterráneo (Regalado Fernández et al. 2024), pues Linneo la consideró parte del género Testudo. Por eso, los nombres genéricos completos son Testudo Linneo, 1758 y Caretta Rafinesque, 1814, éste último el autor del género. Es decir, al ver los nombres Caretta Rafinesque, 1814 y Caretta caretta (Linneo, 1758) sabemos que hay un periodo de 56 años donde la tortuga caguama era conocida bajo otro nombre genérico, pero que fue creado por primera vez por Linneo en su décima edición del Sistema Naturae. Sin embargo, esto no significa que fue Rafinesque quien movió la especie caretta al género homónimo, ya que para esto no hay reglas. Por eso, quienes hacen taxonomía tienden a estar familiarizados no sólo con las publicaciones y la antigüedad de los nombres, sino también con la historia de sus autores.

Esta es la razón por la que existe el impedimento taxonómico: se necesita de alguien que se haya familiarizado con la gran cantidad de literatura que se ha publicado sobre ciertos grupos. Ya que la taxonomía depende de registros y publicaciones, se necesita de alguien que esté familiarizado con la historiografía de un grupo biológico, aún si es en su sentido más amplio. La palabra historiografía está definida en su segunda acepción en el DRAE como el «estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias.» Es decir, se necesita de alguien que entienda las tradiciones de los autores que han publicado en ese grupo, por ejemplo, la forma de escribir, la forma de organizar la información, la forma de ilustrar o de nombrar a los organismos en cuestión y la forma de colectarlos y preservarlos. También se necesita de alguien que reconozca el contexto en el que se escribieron las fuentes; un ejemplo puede ser que los trabajos se hayan desarrollado durante una era colonial y los especímenes fueron sacados del país tras la independencia, o en otro ejemplo, si los museos fueron saqueados o destruidos durante una crisis política. También se necesita de alguien que sepa que hay fuentes que están perdidas o que no han sido registradas, ya sea porque los trabajos nunca fueron publicados, o porque las publicaciones son inaccesibles.
El proceso de organizar la diversidad biológica solamente puede lograrse a través del desarrollo humano de la taxonomía como carrera. La automatización podrá reducir el tiempo que lleva familiarizarse con toda la literatura, pero no podrá remplazar el elemento humano. El impedimento taxonómico es, pues, una aparente paradoja: hay demasiada información producida a pesar de que no existen suficientes personas haciendo taxonomía. Como en todo, las taxonomías entran y pasan de moda; hay épocas en las que ciertos grupos se ponen de moda y generan mucha atención, como durante la pteridomanía, o fiebre del helecho, que puso de moda el estudio de los helechos en Inglaterra a finales del siglo XIX. Otros grupos experimentan modas que se esfuman de repente, como en los años 1950 cuando el estudio de los anfípodos, unos crustáceos marinos que forman parte del zooplancton, entró en declive en Estados Unidos al punto que se estimaba que para finales del siglo XX no habría nadie estudiándolos, mientras que su estudio se popularizó en la Unión Soviética (Barnard 1958). En este último caso, la situación generó un repentino interés en la anfipodología en Estados Unidos y la profecía no se cumplió.

Y la pregunta del millón de dólares: ¿por qué es esto importante? La base de todas las ciencias biológicas es la especie, el reconocimiento de que un grupo de poblaciones de organismos comparten una historia evolutiva y ecologías comunes. Aunque existe un gran debate sobre si las especies son entidades reales o no, es necesario reconocer que, a la hora de hacer una taxonomía, son construcciones arbitrarias que funcionan como unidades de medida de procesos biológicos. La unidad fundamental de los estudios evolutivos es la especie aún si se habla de poblaciones, ya que, al momento de realizar experimentos o modelos, se parte de la especie como una unidad coherente para formular hipótesis (Maddison and Whitton 2023). Por esa razón, en biología, tenemos organismos modelo, porque son organismos sobre los que tenemos suficiente información taxonómica para delimitar géneros, especies, subespecies, poblaciones y variantes. En el otro extremo, tenemos taxonomías que se quedaron olvidadas en el tiempo y no se han actualizado al grado de no incorporar fenómenos tan importantes como la deriva continental en sus divisiones. Y esto es importante porque en medio de una crisis socio-ecológica y climática, no se puede conservar la diversidad que no se conoce.
Referencias
- Barnard JL (1958) The Question of Decline in Systematic Activity, Measured in the Marine Amphipoda. Systematic Biology 7: 123–125. https://doi.org/10.2307/2411975
- Maddison WP, Whitton J (2023) The Species as a Reproductive Community Emerging From the Past. Bulletin of the Society of Systematic Biologists 2: 1–35. https://doi.org/10.18061/bssb.v2i1.9358
- Miglio LT, Pérez-Miles F, Bonaldo AB (2020) Taxonomic Revision of the Spider Genus Actinopus Perty, 1833 (Araneae, Mygalomorphae, Actinopodidae). Megataxa 2: 256. https://doi.org/10.11646/megataxa.2.1.1
- Regalado Fernández OR, Parsi-Pour P, Nyakatura JA, Wyneken J, Werneburg I (2024) Correlations between local geoclimatic variables and hatchling body size in the sea turtles Caretta caretta and Chelonia mydas. BMC Ecology and Evolution 24: 108. https://doi.org/10.1186/s12862-024-02290-7
- Shimbori EM, Bortoni MA, Shaw SR, Souza-Gessner CDS, Cerântola PDCM, Penteado-Dias AM (2019) Revision of the New World genera Adelius Haliday and Paradelius de Saeger (Hymenoptera: Braconidae: Cheloninae: Adeliini). Zootaxa 4571: 151–200. https://doi.org/10.11646/zootaxa.4571.2.1
