Categoría: Género (fósil)
Etimología: del latín nummus (moneda) y el prefijo -ulus (pequeño)

Los bloques con los que está construida la Gran Pirámide de Guiza suman un total de 2 millones 300 mil. Fue construida alrededor del año 2570 a.C. en los tiempos del faraón Khufu (Keops) de la dinastía IV. Si bien, actualmente los bloques están a la vista del espectador, estuvo recubierta hasta el siglo XV por una capa de caliza blanca pulida cuando un terremoto tiró parte de la cobertura; el resto fue utilizado por los otomanos para construir varios de los edificios de la cercana ciudad de El Cairo.
Dado que esa cobertura de caliza blanca ya no recubre la Gran Pirámide, se puede observar la caliza numulítica con la que se hicieron los bloques de 2.5 toneladas de peso cada uno. Herodoto describió desde el 430 a.C. la naturaleza peculiar de la caliza numulítica, llamada así porque se conformaba de muchas piezas de forma y tamaño semejantes a las monedas, por lo que las que llamó nummuli, «monedas» en latín. Herodoto pensó que se trataba de las lentejas que comían los constructores originales que se les habían caído y petrificado dentro de los bloques, una de las primeras confirmaciones escritas en Europa de que los fósiles eran evidencia de actividad orgánica.
Gigantes entre su clase: los foraminíferos
La caliza numulítica se compone de restos fósiles de Nummulites, un género de organismos unicelulares perteneciente al grupo de los foraminíferos, que dependiendo de la fuente serán considerados como una clase (Foraminifera) dentro del filo Rhizaria, o como un subfilo dentro del filo Retaria, tradicionalmente como protistas. Estos arreglos diferen en las propuestas de ancestría común y tiempos de divergencia, es decir, cuando los grupos dentro de este linaje se diversificaron.
¿Cómo describir a los foraminíferos? Son seres unicelulares eucariontes (dominio Eukarya), que por mucho tiempo fueron considerados como protozoos. Sin embargo, el término «protozoario» ha entrado en desuso en la literatura taxonómica porque no se refiere a un grupo que comparta ancestría común, del mismo modo que el grupo de las «algas», y que se basa en características en negativo; esto quiere decir, son grupos que contienen organismos que no son ni animales, ni plantas, ni hongos, pero tienen semejanzas superficiales. De hecho, los foraminíferos tienen más en común con las plantas y otras algas, como los algas pardas, las haptofíceas y las crisofíseas. Para hacernos la vida más fácil, a este grupo de plantas, algas pardas, foraminíferos y otros grupos, en taxonomía de protistas se les conoce como diaforéticos (Diaphoretickes), que en griego clásico significa «diverso».
Entre las dos características comunes de este grupo de los Diaphoretickes se encuentran los alveólos corticales, organelos celulares que dan estabilidad a la membrana celular, y que a lo largo de su historia han experimentado eventos de endosimbiosis con organismos fotosintéticos. Por un lado, las plantas derivan de un proceso de endosimbiosis entre un alga parecida a las haptófitas, como los cocolitóforos, y cianobacterias (eucarionte+procarionte, ya que los cloroplastos son de origen bacteriano). Por otro lado, tenemos a un grupo que realizó endosimbiosis con otros tipos de algas (eucarionte+eucarionte, como varios plástidos que tienen origen de microalgas). En esta segunda rama es donde vemos uno de los casos de caos taxonómico más grandes. Unos linajes de esta rama fueron considerados animales, como los ciliados, los radiolarios, los foraminíferos y los cercozoos; otros fueron considerados «algas», como los dinoflagelados. las algas pardas y las diatomeas (ocrofíceas); y otros fueron considerados hongos, como los heterocontos y oomicetos. De hecho, podemos ver estas ideas reflejadas en algunos de sus nombres actuales, ya que aún llevan sufijos como -zoa (animal), -phyceae (algas), -phyta (planta) y -ceto (hongos), por lo que a este grupo simplemente se le conoce con el nombre de «Supergrupo Harosa» por las iniciales de los tres grupos que lo componen: Heterocontos (heterocontos, oomicetos, algas pardas y diatomeas), Alveolados (ciliados, apicomplejos y dinoflageados) y Rizarios (cercozoos, radiolarios y foraminíferos).
El grupo de los rizarios es el más diverso en términos morfológicos, fisiológicos y genómicos: unos son organismos ameboides, otros tienen flagelos, unos producen testa o conchas de los que salen proyecciones celulares; hay rizarios heterótrofos de vida libre y otros que son parasitarios, y hay rizarios fotosintéticos. Los foraminíferos son rizarios heterótrofos de vida libre que producen conchas de carbonato de calcio y es esta concha lo único que queda cuando la célula muere. Forman parte de un grupo de protozoarios conocido como foraminíferos y la acumulación de sus conchas en el fondo del mar donde vivían estas criaturas permite la creación de los grandes depósitos de caliza.

Los numulites vivieron entre hace 60 y 25 millones de años, cuando la mayor parte de Europa y África del Norte estaban cubiertas por un océano (paleo-océano) llamado Tethys. Durante esta época millones de numulites vivieron y se reprodujeron hasta generar grandes depósitos de caliza que hace 4,500 años utilizarían los habitantes de Guiza para construir las pirámides. Sin embargo, si bien se ha logrado comprender su naturaleza y su origen, lo cierto es que lo asombroso es que seres compuestos de una sola célula sean capaces de crecer hasta 10 centímetros, mientras que otros no ¿por qué no vemos más células gigantes? Las células se alimentan a través de la difusión de su alimento por la membrana celular. El problema es que las células no aumentan su superficie de manera proporcional a su volumen, por lo que tras cierto límite, la cantidad de alimento que se difunde por la membrana no es suficiente para alimentar a todo el volumen celular. Esta limitación del ratio masa/volumen debe resolverse mediante el incremento de la superficie de membrana celular sin el incremento de volumen; o bien, mediante la incorporación de una estrategia que permita introducir alimento de una forma auxiliar y complementaria a la difusión. Dado que los foraminíferos en general crecen dentro de sus pequeñas conchas, que se componen de varias cámaras interconectadas que van aumentando en tamaño y número, el volumen de los organismos aumenta de manera proporcional a la superficie membranal, que recubre más espacio. De ese modo, la difusión de desechos o nutrientes se ve facilitada. Los foraminiferos tienen muchos hábitos alimenticios: unos se alimentan del sustrato en el que viven, otros de los detritus marinos, otros extienden sus pseudópodos (proyecciones de la célula) para recoger partículas suspendidas en la columna de agua y otros cazan a otros protistas o pequeños animales.
Sobre los numulites y la formación de rocas
El género Nummulites existió desde el Paleoceno (hace 60 millones de años) hasta el Oligoceno (hace 25 millones de años), pero la familia a la que pertenece sigue existiendo hasta nuestros días, la familia Nummulitidae. Todos los miembros del género Nummulites fueron bentónicos, es decir, vivían y se reproducían en el sedimento marino. Sus fósiles se pueden encontrar tanto en calizas de Egipto como de España y de muchas otras regiones del Mediterráneo, así como en regiones de India y Suiza. Eran de los habitantes más comunes de los arrecifes de coral del antiguo mar de Tethys, acumulándose por esos millones de años hasta formar las canteras de calizas de las que las civilizaciones del Mediterráneo extraerían bloques para la construcción.
El descubrimiento de que estos pequeños organismos podían formar grandes depósitos de roca (pongámoslo en perspectiva: la cantera de caliza numulítica de Guiza permitió levantar tres pirámides y seguir existiendo), llevó al zoólogo británico Randolph Kirkpatrick (1863-1950) proponer la idea de que absolutamente todas las rocas del mundo se habían formado por la deposición de foraminíferos en el suelo marino (1913). Kirkpatrick acuñó en el término de numulósfera («esfera de Nummulites«), en contraposición del término litósfera («esfera de roca»). Si bien es una hipótesis inusual, las rocas se forman por el depósito de muchos materiales o sedimentos, las rocas sedimentarias, o por la solidificación (cristalización) de material volcánico, las rocas ígneas, mientras que otras se forman por la compresión de los otros dos tipos de rocas, las rocas metamórficas.

Cubierta del libro de la Nummulosphere (1912), imagen del Museo de Historia Natural de Londres. Wikimedia Commons. Derechos reservados; uso legítimo.
La especie que se depositó en la Cantera Mokattam, que está a las afueras de El Cairo, se denominó como Nummulites gizehnsis y vivió durante el Mioceno medio (hace entre 48 y 37 millones de años), cuando en aquella región desértica se encontraba un arrecife coralino. Su tamaño tan gigantesco pudo deberse no solamente a su concha que aumentaba la superficie, sino a que en su interior realizaba simbiosis con pequeñas algas que se protegían en su concha y le proveían de más alimento. Dado que en un arrecife la cantidad de luz recibida es suficiente, estas colonias de rizarios pudieron proliferar tanto que permitieron al los egipcios construir tan majestuosas obras que sobreviven al día de hoy.
Si esto no ayuda a cambiar su perspectiva de lo pequeño y lo grande, y de cómo algo muy pequeño puede ser parte de algo mucho más grande, pocas cosas lo harán.
Bibliografía consultada
- Para más imágenes de foraminíferos e información en general, da clic en la liga a esta página de University College London del proyecto MIRACLE (Microfossil image recovery and circulation for learning and education): Foraminifera.
- Nummulites gizehnsis. Museo de Historia Natural de Londres.
- Gould, S. J. (1992) El Viejo Loco Randolph Kirkpatrick. En El pulgar del panda: más reflexiones sobre la Historia Natural.
